Negar que hoy por hoy no somos realmente libres para casi nada, es negar una obviedad. Somos cautivos de un sistema que nos conduce por los senderos que le place sin que apenas nos percatemos de ello o, lo que es peor, sin que nos importe demasiado. Y con la música sucede lo mismo. Si estás fuera de las fórmulas musicales convencionales que te abrasan una y otra vez con los mismos cortes horripilantes, pagados por esta u otra productora, son los motores de búsqueda de las plataformas digitales los que te ahorran el trabajo de descubrir nuevos mundos por tu propia iniciativa. Pero, dentro de lo malo, al menos estos motores de búsqueda saben de primera mano lo que a ti te gusta o, cuando menos, deducen con sus algoritmos lo que te puede interesar.
Gracias a estas herramientas llegué, hará poco más de un año, a descubrir, en un espacio en la web, patrocinado una deliciosa cerveza del norte con mucha estrella, un directo muy extraño de una banda sevillana. Para empezar, el concierto en cuestión era desde su propio local de ensayo y eso, para los que hemos pasado muchas tardes de sudar entre cuatro paredes y demasiados decibelios, ya capta tu atención. El realismo no era mágico pero destilaba, entre gotas de sudor, algo verdaderamente auténtico; no tardé ni un suspiro en percibir que estaba viendo y escuchando algo muy distinto a lo que mis sentidos del noroeste estaban acostumbrados. La banda se llama Califato ¾ (tres por cuatro, no tres cuartos). Tras conocerlos un poco, me estuve preguntando como era posible que la alquimia algebraica de esos motores me llevasen a esa banda en concreto y, al menos en parte, me imagino que tuvo que ser por escuchar otra cosa muy distinta, pero que en su concepto podría ser similar: Baiuca.
Califato y Baiuca son dos estilos relativamente nuevos de hacer música, separados por mucho más que distancias meramente kilométricas, pero a la vez unidos en una idea semejante de entenderla.
Los Califato vienen principalmente de la escena electrónica andaluza, pero fusionan a lo loco: Flamenco; Rock; Electrónica (Breivi, le dicen); bastante canalleo y aroma a azahar. Lo mismo te cascan un paso de semana santa en su Cristo de las Navajas que se te van los pies solos, como que te ponen los pelos de punta con su fandango de Carmen Porter que, por cierto, tanto la canción como el vídeo nos evocan muchísimo el universo de Luis Buñuel. Hay quien los calificó como “Electro Lerele”, pero ellos van mucho mas allá de este cliché. De hecho, entre lo mucho que hay que decir en su favor, destaca que no reniegan en absoluto del tópico pero, a su vez, ayudan a que los que desconocemos tanto sobre la idiosincrasia del sur, nos desprendamos de algunos estereotipos.
Por su parte Baiuca, proyecto liderado desde hace unos cuantos años ya por Alejandro Guillán, se dedica en gran medida a mezclar la música electrónica con canciones tradicionales gallegas. Actualmente, a este proyecto que no para de crecer, se unen las voces del grupo Aliboria y la percusión de Xosé Lois Romero, en una suerte de miscelánea maravillosa llevando al folk galaico a un punto, si no totalmente desconocido hasta el momento, casi inédito. Alejandro ha conseguido llevar a la práctica con mucha elegancia y buen gusto, pero también con mucho flow, algo que otros han intentado sin demasiado éxito. Aquí también hay quien se ha apuntado a buscarle una definición y, en un alarde de originalidad lo han calificado como “Neofolk”. A mí, como gallego, me remueven mil cosas por dentro que no son nuevas, pero sí es cierto que Baiuca te lleva a un punto distinto y muy agradable de la geografía musical galaica. Temas como Caroi, Luar u Olvídame, son una buena muestra de ello. Ignoro que tipo de sentimientos pueden provocar en un andaluz estos ritmos, pero la universalidad emocional de la música me lleva a pensar que, en este tema, las fronteras culturales a menudo son un incentivo en lugar de un problema.

Ninguno de estos dos proyectos son marginales. Muy al contrario, están cogiendo fuerza y alcanzando un numeroso grupo de seguidores, pero tengo la impresión de que el éxito no llegará a convertirlos en dos proyectos más, dedicados a producir por producir. Por ese motivo nos hemos decidido a escribir esta humilde reseña, por si vuestros motores de búsqueda van por otros caminos.
Podéis encontrar sus trabajos en Bandcamp.
