Quimeras sepultadas: del mercurio de Qin Shi Huang hasta la Ilíada de Alejandro

La fascinación casi pueril que produce en el ser humano el hecho de que en la actualidad todavía se puedan descubrir tesoros de la historia, es directamente proporcional a la enorme dificultad que tiene la arqueología para encontrarlos. El paso del tiempo, con todas las vicisitudes que conlleva, hace que la gran mayoría de hallazgos que aun es posible llegar a descubrir estén en lugares bien protegidos del hombre y de los elementos, ya sea entre bloques de piedra, bajo tierra o ambas. En resumidas cuentas, lugares para ese deseado a la par que temido descanso eterno.

Desde el hallazgo de la tumba del joven rey Tut, realizada por Howard Carter en el valle de los reyes, la humanidad no ha vuelto a tener un descubrimiento de tales dimensiones, y no porque no queden grandes iconos por encontrar. Quedan un buen puñado de enigmas maravillosos en los que la ciencia y la arqueología están trabajando con todo lo que tienen para lograr dar con ellos y, sin duda, uno de los más alucinantes es la tumba del primer emperador de China, Qin Shi Huang, con el que vamos a empezar este pequeño relato sobre varias tumbas y sus respectivos moradores.

En 1974 un campesino encontró los restos de un soldado de arcilla mientras trabajaba la tierra en la provincia de Shaanxii. Como ya os podéis imaginar, este fue el primero de los miles de componentes del ejercito de terracota que guardaban (y guardan, porque siguen apareciendo más y más) el descanso eterno del emperador. Este enorme séquito es ya de por sí un hallazgo magnífico, pero queda mucho más por descubrir en Shaanxi, porque desde aquel instante el mausoleo del emperador continúa, todavía hoy, sin ser abierto.

Vista General de la Sala 1 de la tumba de Qin Shi Huang

Nos gustaría muchísimo asegurar que los científicos no se atreven a a hacerlo por temor a las trampas mortales y a los ríos de mercurio que los textos del conocido historiador chino Sima Qian, cien años posteriores a la muerte del emperador, relatan con sumo detalle :

SE CONSTRUYERON PALACIOS Y TORRES PARA CIEN FUNCIONARIOS, Y LA TUMBA SE LLENÓ DE ARTEFACTOS Y TESOROS. SE ORDENÓ A LOS ARTESANOS QUE FABRICARAN BALLESTAS Y FLECHAS PREPARADAS PARA DISPARAR A CUALQUIERA QUE ENTRARA EN LA TUMBA. MERCURIO SE USÓ PARA SIMULAR LOS CIEN RÍOS, EL YANGTZE Y EL RÍO AMARILLO, Y EL GRAN MAR, Y SE PUSO A FLUIR MECÁNICAMENTE”

No podemos negar que la idea de que en pleno siglo XXI todavía exista un lugar al más puro estilo de las películas de Indiana Jones por descubrir es enormemente seductora y, aunque parece totalmente probado el hecho de que hay mercurio en la tumba por los altos niveles que parece haber a su alrededor (incluso un informe de Nature del 2020 advierte de que es posible que puedan existir fugas a través de las grietas), lo cierto es que el mayor miedo de los que están trabajando en este proyecto es que las técnicas para llegar hasta el interior de la propia tumba puedan causar daños irreparables y pérdidas terribles para el conocimiento global. El gobierno chino no quiere arriesgar lo más mínimo con este tesoro de la humanidad y prefiere aguardar a que la ciencia ayude a dañar lo menos posible el lugar. Hacen muy bien. Los avances continúan y algún día seremos testigos de algo asombroso.

Mausoleo de Qin Shi Huang
Entrada al museo del mausoleo

Otro lugar de descanso eterno por descubrir lleno de mitología y leyendas es el de Genghis Khan. La historia de como este conquistador y emperador de medio mundo ordenó que se le enterrara en secreto tiene tela y mucha tinta (gran parte de ella se encuentra escrita fundamentalmente en “La historia secreta de los Mongoles”), pero sobre el tema ha llegado a disertar en sus escritos hasta el mismísimo Marco Polo. Para empezar se cuenta que a su muerte, en el año 1227, todo un ejército escoltó el cadáver del Khan ejecutando a cualquier ser humano que tuviera la desgracia de cruzarse a su paso para mantener así el secreto de la ruta; después asesinaron a los constructores del mausoleo y es posible que finalmente todos los soldados que quedaron tras el sangriento sepelio se suicidaran. Cuando el emperador fue sepultado se dice que mil caballos galoparon sobre su tumba para borrar cualquier rastro (esperamos que al menos a los pobres caballos los dejasen con vida). Hay muchos factores que dificultan la búsqueda de la tumba del gran Khan: la gigantesca extensión de Mongolia; sus escasas infraestructuras; las diversas teorías sobre el supuesto emplazamiento (aunque hay dos especialmente fuertes) y la negativa orgullosa y rotunda del pueblo mongol a que su héroe nacional sea encontrado contra la voluntad expresada por él mismo, cosa profundamente respetable.

El tema sobre la ética de desenterrar a gente mucho tiempo después de su fallecimiento no esta exento de cierto debate filosófico y un tanto risible, pero en este momento no estamos para eso así que continuemos con otras tumbas especialmente buscadas como son, por ejemplo, las de Cleopatra y Marco Antonio.

La paciente arqueóloga dominicana Kathleen Martínez, lleva mas de una década realizando trabajos de excavación en el templo de Taposiris Magna (Tumba de Osiris), en el norte Egipto. Parece ser que a principios del 2023 habría descubierto un largo túnel, parcialmente sumergido bajo el Mediterráneo, que, en su opinión, podría conducir hasta la tumba de Cleopatra y su amante, aunque en realidad no está claro en absoluto que Marco Antonio esté junto a ella, pues los romanos también podían ser incinerados como ocurrió con Julio César. Lo que sí está claro es que, al menos, la arqueóloga está hilando bastante fino, porque hasta ahora ha encontrado dieciséis momias del período grecorromano, que es precisamente cuando reinó la descendiente de los Ptolomeos, y valiosas esculturas. Aunque el conocido egiptólogo y ex ministro egipcio Zahi Hawass asegura que lo más probable es que la tumba de Cleopatra esté ahora totalmente bajo el mar, Martínez no pierde la esperanza. Y no es la única porque aun faltan unas cuantas tumbas de faraones por encontrar como la de Ramses VIII; Ahmose I; Thutmose II; Amenhotep I o la célebre Nefertiti, sobre la que se está trabajando mucho en los últimos tiempos especulando que puede estar en una cámara secreta junto a su hijastro Tutankhamon, o que incluso ya ha sido encontrada en en el propio Valle de los Reyes en 1817. En uno de los almacenes del Museo Egipcio descansaba una momia que lleva por nombre KV21B; ahora está siendo examinada para determinar su árbol genealógico porque importantes personalidades de la egiptología la consideran firme candidata para ser la reina hereje, pero sobre este tema tenéis documentales a docenas así que dejamos a Nefertiti y nos vamos con nuestro favorito.

Busto de Nefertiti, del Museo Neues de Berlín
Fotografía de la momia nombrada KV21B

No podíamos olvidarnos de nuestro niño bonito. El más grande, el hijo de Filipo II; nuestro querido Alejandro III de Macedonia. Aunque nos duela, tenemos que contaros que la historia del peregrinaje y las canalladas que se le hicieron al cuerpo de Alejandro Magno son abundantes.

Dicen los textos, principalmente de la británica Mary Renault, novelista experta y reconocida investigadora de historia clásica, que tras la muerte de Alejandro protegieron su cadáver con un paño mortuorio bordado en oro y, a su vez, lo cubrieron de especias y piedras preciosas en un féretro también de oro. No le faltaba de ese metal precioso al macedonio, pues también construyeron sobre su féretro un templo dorado portátil con columnas jónicas de oro y un techo abovedado con joyas preciosas. La entrada al mausoleo móvil la protegían unos leones, también de oro. Se cuenta que el cadáver se conservó en un recipiente de miel para su mejor conservación, pero vete tú a saber. Durante algún tiempo el cuerpo de rey/faraón/dios, se veneró en Babilonia, pero el destino de su descanso según los augures debía ser su tierra natal, Macedonia. Mas, por lo visto, su antiguo general y fundador de una estirpe que gobernaría Egipto durante siglos, Ptolomeo, decidió quedarse el cuerpo de su amado líder y llevarlo a Alejandría, donde se presume que fue venerado hasta la Antigüedad tardía. Entonces, siempre bajo las investigaciones de Renault, muchas personas acudieron a verlo, incluso para saquear su tumba. Más tarde llegaron los romanos y se quedaron a gusto: Pompeyo robó su capa; Calígula su coraza y Augusto, por lo visto, le rompió la nariz, a saber como. Por suerte en el año 200 d. C., Septimio Severo ordenó cerrar por completo la tumba y detener el escarnio. Y hasta aquí la última pista con cierta credibilidad sobre su tumba, aunque desde nuestro total desconocimiento vamos a permitirnos albergar algunas dudas, porque Mary Renault era incluso mejor novelista que historiadora y presuponemos algunas licencias narrativas en esta investigación. Pero, a grandes rasgos, a pesar de que existen varias lineas de investigación al respecto, como las del oasis de Siwa o la basílica de Venecia, las excavaciones mas serias siguen siendo las de Calliope Limneos-Papakosta en Alejandría, aunque por desgracia la ciudad sufrió un enorme terremoto con su respectivo tsunami en el 365 d.C y eso limita las opciones de que la tumba siga reconocible. Pero permitámonos soñar y confiemos en Calliope y su hermoso nombre; sería maravilloso que todavía el macedonio descansará ahí, seguramente ya sin tesoros, pero tal vez junto a los pergaminos que conformarían la Iliada que le regaló su maestro Aristóteles, de la que jamás se separaba, llena de anotaciones de su puño y letra y quien sabe, quizá del propio Alejandro. Ningún tesoro compuesto de ningún material precioso tendría jamás el valor de encontrar ese libro. Aunque lo más probable es que el bueno de Ptolomeo II se los agenciase para la Biblioteca, pero soñemos…soñemos…

Templo de Osiris

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